EN
UN CONCILIO NUEVO
Veinte Concilios ecuménicos e innumerables otros Concilios provinciales
y regionales han marcado la senda clara del caminar de
El XXI Concilio Ecuménico, el Vaticano II, fue anunciado por Juan XXIII
el 25 de enero de 1959. Su anuncio fue un toque inesperado, un haz de luz de
lo alto, una gran suavidad en los ojos y en el corazón; pero, al mismo tiempo,
un fervor, un gran fervor que con sorpresa se despertó en todo el mundo en
espera de la celebración del Concilio (Discurso inaugural del Papa Juan).
Tres años más tarde, el 11 de octubre de 1962, fue inaugurado. En su
discurso inicial el Santo Padre afirmaba: ...De la adhesión renovada, serena
y tranquila, a todas las enseñanzas de
Una
nueva etapa
Casi un año más tarde y fallecido Juan XXIII, el nuevo papa Pablo VI
inaugura la segunda sesión conciliar. En su discurso afirmaba: (...) ¿Qué meta
fijarse? (...) ¡Cristo! Cristo, nuestro principio; Cristo, nuestra vida
y nuestro guía; Cristo, nuestra esperanza y nuestro término. Claro, muy
claro y esperanzador.
En ese mismo discurso, hablando de
Sus documentos están ahí. El nuevo Concilio realizó una tarea
impresionante de autenticidad, de purificación y de rejuvenecimiento. Sobre
todos los temas que trató, y en particular sobre
Una
nueva explicación
En el primer milenio de la historia de
En el segundo milenio, en cambio, y sobre todo a partir de la ruptura
con las Iglesias orientales en 1054, se desarrolló una concepción de Iglesia
más unitaria y universal con una visión como de un solo cuerpo, a
la cual tendió progresivamente la concepción del papado como su pastor supremo.
Esta visión quedó plasmada en el Concilio Vaticano I, en 1870.
Estas dos visiones de Iglesia, más que doctrinas completas, acabadas y
opuestas, son dos dimensiones de una misma eclesiología, como dos caras
de una misma moneda. De hecho lo que hizo el Concilio Vaticano II fue
profundizar y ensamblar ambas visiones como complementarias y enriquecedoras,
proponiendo como clave de lectura global, la eclesiología sacramental de
comunión. Y lo hizo a partir de una fórmula de síntesis, desconocida en la
doctrina eclesial hasta entonces. Dicha fórmula de síntesis es la de comunión
jerárquica. Me explico,
El nombre comunión expresa el carácter fraternal básico de
El adjetivo jerárquica subraya el
ministerio pastoral jerárquico de los sacerdotes y del propio obispo en
comunión con el Papa, afirmada especialmente en el segundo milenio de
Ésta es la fórmula teológico-eclesial más significativa de todo el
Concilio Vaticano II. Ésta es la clave de comprensión de la doctrina de
Uno sólo de los dos términos separado del otro no nos da la verdadera
comprensión que
En ella todos somos iguales en dignidad bautismal: hijos de Dios en el
Hijo Jesucristo y animados por su Espíritu; todos llamados a la santidad, y diversos,
necesarios y complementarios según los dones, ministerios y funciones recibidos
de Dios al servicio de todo el Cuerpo de Cristo.
Y porque
¡Iglesia! ¡Misterio insondable de Comunión trinitaria que nos haces
vivir ya en el seno del Padre, al modo del Hijo Jesucristo y en virtud del
poder del Santo Espíritu! ¡Iglesia! Te amamos como madre de cuyo seno fecundo
procedemos y hemos nacido a la fe, la esperanza, y al amor, a la vida misma de
Dios en Jesucristo nuestro Señor.
Gregorio
Rodríguez, cpcr